El sobrino de Pablo oyó que cuarenta hombres habían jurado no comer hasta quitarle la vida a su tío cuando lo trasladaran a la corte. Sin dudar, fue a la cárcel a contárselo todo, y Pablo lo envió al comandante para que tomara las medidas necesarias. Dios usó la valentía de ese joven para proteger al apóstol Pablo, quien fue llevado con seguridad a Cesarea (Hechos 23:12-22).