Juan y Santiago fueron dos de los doce apóstoles de Jesús, y Él mismo los apodó «hijos del trueno» por su carácter fuerte. Mientras viajaban con Jesús por Samaria, un pueblo se negó a recibirlo. Enojados, los hermanos le preguntaron si querían que hiciera caer fuego del cielo sobre ellos, como el profeta Elías. Jesús los reprendió con tristeza y les recordó que Él no vino a destruir vidas, sino a salvarlas, y que debían amar al prójimo y ser pacíficos.